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Enfermar por ignorancia

19/02/2018 4:09 pm

¿SE PREOCUPA usted por su salud? ¡A quién se le ocurre responder que no! Todos tenemos asumido que debemos cuidarnos. Otra cosa muy distinta es lo que cada persona entiende por cuidarse. No basta con pretenderlo; hay que utilizar los conocimientos que adquirimos gracias a nuestra curiosidad. En salud, la información es fundamental. Cada vez somos más los que, mediante el conocimiento de una patología, buscamos cómo gestionar mejor nuestras dolencias. La prevención es fundamental para evitarlas, pero para prevenir hay que echarle ganas e informarse de muchas cosas que son fundamentales. A esto de cuidarse cada uno le da la importancia que quiere: hay personas que se interesan en ir más allá e investigan por qué se generan ciertas patologías y cómo se evitan; hay otras que se conforman con conocer cuatro ideas superficiales basadas en ciertos tópicos que lo simplifican todo. También están aquellos que no les interesa saber nada y prefieren que todo se lo dicte un médico… cuando a veces ya es demasiado tarde. La cuarta vía la componen aquellos a los que la salud les trae sin cuidado. Para esos, buena suerte.

En los últimos años ha ido ganando mucho terreno la medicina llamada integrativa, que es una medicina que camina en paralelo, incluso converge muchas veces, con la medicina tradicional. De hecho, la medicina integrativa engloba la convencional y la natural. Se basa en no menospreciar las cualidades de la medicina natural, que son muchas, pero atendiendo especialmente aspectos del ámbito fisiológico, nutricional e incluso psicológico. Con el tratamiento de esta medicina se pretende reducir la ingesta de medicamentos tradicionales, eludiendo los efectos secundarios debidos a su uso continuado.

La medicina integrativa da mucha importancia a los aspectos nutricionales, un campo fundamental si deseamos estar al corriente de aquello que nos favorece o nos perjudica. Ya habrán oído ustedes hablar de la microbiota, esos microorganismos que se localizan en la zona intestinal y que lo conforman más de 1.000 especies diferentes. Hay estudios que hablan de la gran importancia de la microbiota y que demuestran que esta puede incidir en nuestro carácter y en nuestro estado de ánimo. Muchas claves de trastornos neurológicos como el alzheimer, el párkinson, la esquizofrenia o el autismo son descubiertos en el intestino. Por ello, saber lo que comemos y cómo lo hacemos es fundamental para nuestra salud. Cuanto más sepamos, más posibilidades tendremos de evitar ciertas enfermedades.

Pero no solamente debemos estar atentos a nuestra microbiota, debemos observar qué factores ambientales o alimenticios influyen en nuestra salud. En las analíticas convencionales no suelen mirarse los niveles de metales pesados que almacenamos en nuestro cuerpo. El cobre, el aluminio, el plomo o el arsénico acumulados en exceso nos exponen a diversos tipos de enfermedades, incluido el cáncer. Es alarmante, según me cuenta un especialista en la materia, la gran cantidad de arsénico que se está detectando en el organismo de aquellas personas que actualmente se hacen analíticas que comprueban este factor. Yo mismo tengo una cantidad superior a la aceptable. En definitiva, es importante, si valoramos nuestra salud, saber qué nos ocurre y por qué, y que cada uno lo afronte como quiera. Lo que no podemos permitirnos es dar la espalda al conocimiento que nos ha de dar salud y vida. Créanme, no hay nada más desolador que enfermar por ignorancia.

 

Fuente: El Mundo