La zona de adyacencia de Guatemala y Belice: un camino de pobreza y olvido

Nacionales - 12 abril, 2018

La zona de adyacencia que separa a Guatemala y Belice, esa línea imaginaria que dibuja una frontera que no existe sobre el papel, está azotada por el hambre y la miseria, más también por el olvido.

Las comunidades que la habitan son las más perjudicadas en un litigio que dura ya más de un siglo. Los derechos a la salud, la alimentación, la vivienda digna, la electricidad o la educación no son una realidad para ellos.

Las decenas de comunidades que habitan esta zona son las más alejadas de las carreteras asfaltadas del departamento de Petén, en el norte de Guatemala.

Así lo reconoció en 2016 el entonces procurador de los Derechos Humanos, Jorge de León Duque, quien tras una visita al área se mostró estupefacto por las «impresionantes, espantosas e impactantes condiciones de pobreza y ausencia absoluta del Estado guatemalteco».

Un estudio publicado en 2016 por la Asociación Balam, que hacía un diagnóstico socio-económico del área, señalaba que la población -mayoritariamente joven-, tenía un acceso limitado al nivel primario en materia educativa, dejando un índice de analfabetismo del 27 por ciento para los mayores de quince años, y un absentismo en los jóvenes en edad escolar del 19 por ciento.

En cuatro de las comunidades solo el 5 por ciento de las personas tenían acceso a medicinas básicas, y el 22 por ciento a un empleo, aunque la principal causa de conflictividad era la falta de medios de producción, como tierra para cultivar (solo el 33 por ciento tenía una parcela).

A nivel general, es el maíz y fríjol la principal fuente de ingresos económicos y alimento a las familias; constituyéndose como el 86 y el 81 por ciento de los elementos que sostienen la economía, respectivamente.

No obstante, agrega el documento, hay un segundo grupo de actividades que aportan ingresos económicos al 31, 25 y 24 por ciento de las familias, siendo estas la ganadería, cultivo de pepitoria y jornales, respectivamente.

La debilidad de las instituciones del Estado también ha provocado distanciamiento con las comunidades, una situación que según la asociación ha sido aprovechada por estructuras de tráfico de productos forestales maderables y no maderables, así como recursos minerales provenientes de áreas protegidas en el territorio beliceño.

La «zona de adyacencia» se trata de apenas una franja de un kilómetro de territorio «neutral» -uno del lado guatemalteco y otro del beliceño- y es en ella donde, según las autoridades de Guatemala, las tropas de Belice han asesinado a una decena de personas en los últimos años.

El caso más reciente fue la muerte de Julio René Alvarado Ruano, de 13 años, el 20 de abril de 2016, un incidente en el que también resultaron heridos su padre y su hermano.

Desde ese momento aumentó la tensión entre ambas naciones, que mantienen una disputa territorial desde 1859 y que buscan elevarla a la Corte Internacional de Justicia al preguntarle a la población si están dispuestos a ello y acatar el fallo.

Guatemala lo hará este domingo en un intento de demostrar al país vecino y al mundo, como dice su presidente, Jimmy Morales, la buena voluntad de solucionar por la vía pacífica este conflicto. Belice tiene previsto hacerlo en 2019, aunque la fecha todavía no está definida.

Guatemala reclama unos 12.272 kilómetros cuadrados del territorio de Belice, casi la mitad de ese país, nacido de una antigua colonia del Imperio Británico. Un litigio centenario que pone en riesgo a los más vulnerables. A los «don nadie».

La mayoría de los habitantes de la «zona de adyacencia» son mestizos que migraron desde los departamentos de Zacapa, Jutiapa e Izabal hacia las nuevas fincas hace más de 20 años. Pero no han podido encontrar un método sostenible de vivir, ni desarrollo social. Solo la explotación de los recursos de la selva beliceña.

Según el Gobierno de Guatemala, solucionar el diferendo con Belice es, entre otras cosas, evitar la muerte de más campesinos en la zona de adyacencia, fijar una frontera, mayor desarrollo económico, incremento de las relaciones comerciales, incremento de las inversiones, mejor aprovechamiento del turismo y mejor coordinación en materia de seguridad.